Aprender a Amar
Hay gente que entiende el amor como una flecha que llega, te atraviesa y te cambia la vida. Yo no. Yo lo entiendo más como un proceso educativo: un aprendizaje continuo, un espacio donde te descubres, te cuestionas, te ríes, te frustras… y, si hay suerte, también creas. Supongo que por eso, cuanto más estudio Pedagogía, más claro veo que mi forma de querer está atravesada por la manera en la que entiendo a las personas. Para mí, el amor no va de “completar” a nadie, sino de acompañar. Igual que en la educación, no se trata de moldear al otro, sino de generar un contexto seguro donde el otro pueda ser él mismo sin miedo. Cuando quiero a alguien, no me interesa que sea perfecto; me interesa que sea auténtico. Que sepa que puede equivocarse, que pueda tener días terribles, que pueda perderse… y que yo voy a estar ahí sin intentar rescatarlo, pero sí sostenerlo. Es la misma lógica que aplico cuando pienso en la intervención socioeducativa: no vengo a salvarte, vengo a caminar contigo. Tamb...